
El Palacio Real de Olite es uno de los conjuntos históricos más importantes de Navarra. Fue construído entre los años 1402 y 1424 y comprende un conjunto de estancias, jardines y fosos rodeados de murallas y de torres. El rey, que fue más famoso por su gusto por la buena vida, por la cultura y el lujo, que por sus campañas militares, vivió en este palacio que fue en su día uno de los más lujosos de Europa. Un siglo después, tras la unión del Reino de Navarra con la Corona de Castilla, el palacio cayó progresivamente en desuso y fue semidestruído por un incendio durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX. Su restauración se realizó durante 30 años ya bien entrado el siglo XX, hasta su aspecto actual, que bien merece una visita.
Aunque su aspecto es en gran medida artificial, al igual que en su día nos pasó visitando Carcassonne, uno acaba imaginándose historias antiguas fácilmente.
Me ha gustado especialmente la galería de la reina Leonor. Al lado de su habitación se hizo crear un jardín y una galería para pasear (ya se sabe que los deseos de los reyes eran órdenes a pesar de las dificultades técnicas). Como estaba en altura ello obligó a construir una habitación en la parte inferior que no podía tener ningún uso debido a la humedad que generaba el jardín.
Como la zona de Olite es tierra de vinos, por la tarde hemos aprovechado para darnos una vuelta por el Museo de la Viña y del Vino de Navarra y en una tienda cercana con un propietario muy peculiar hacer una pequeña parada para hacernos con unas cuantas botellas de caldito para nuestra vinoteca.